Pequeño relato de nuestro primer viaje a Cuba, el cual hicimos abordo del MSC Armonia, un barco pequeño, pero increíble donde conocimos buenos amigos, comimos delicioso, disfrutamos de las mejores fiestas en altamar y si, nos vimos huyendo de un huracán que se formo mientras comenzábamos nuestra navegación...
De repente estas allí, en medio del mar,
frente a cielos que anuncian tormenta y todos tus miedos se hacen realidad,
atrapados en un barco que se mueve cada vez más bruscamente, entre una tierra
a la que no podemos volver y un huracán, si un huracán, los platos en el
comedor caen, las piscinas están cerradas, las fiestas canceladas, y el mareo,
oh dios el mareo; todo tipo de pensamientos pasan por tu cabeza, desde recordar
si alguna vez leíste por ahí que los barcos viajan a 40 km/hr y los huracanes
lo hacen más lento, por si acaso, esas nubes negras deciden tomar rumbo hacia
nosotros al este; hasta recordar todos y cada uno de los procedimientos de
salvamento a los que asistimos unos días previos, por si acaso también, vamos a
la cubierta 4, mi favorita, la puerta que da hacia la cubierta pesa más de lo
normal, y nos da una idea del viento, vamos para cerciorarme que este aun allí
mi bote salvavidas, si, aunque no lo crean, es mi ANSIEDAD que juega con mi
mente y provoca una tormenta de pensamientos, más grande de la que se cierne
sobre el mar, el aire me hace un poco bien, no más que ver ese bote salvavidas;
entonces mi corazón comienza a latir mas rápido que de costumbre, mis hombros
pesan más que esa puerta a mi cubierta favorita, y el mareo, oh el mareo, que
no me deja distinguir entre sí es un dolor de cabeza normal o mi corazón
augurando un paro fatal, si, porque también en esa tormenta de pensamientos, están
los mas fatalistas que jamás haya tenido, como en la película, todo esta gestándose
para ser la tormenta perfecta, tomo mis medicamentos, nada incluye algo para el
mareo, por una suerte que siempre atribuyo a mis ángeles que me cuidan (mis
padres, desde donde el final de la vida los haya llevado), nos asignaron una
cabina con balcón, digo suerte, porque sin ese pequeño espacio donde respirar y
oxigenar mi cerebro, quizás la historia hubiera sido otra.
Así pasan dos días
en altamar, entre la tormenta y mis miedos, amanece el tercero, el cielo
nublado y el balanceo del barco me recuerdan mi pesadilla, pero ahora es
diferente, eh tenido el suficiente tiempo para viajar dentro de mí, para
cuestionarme todos los escenarios posibles que pudieran ocurrir, deje que mis
pensamientos fluyeran como agua en el río, decido no dejar mas que se estrellen
contra mí, como esas olas que menean bruscamente el barco, no pasa nada, y
mañana, como nos ha comunicado el capital, estaremos en aguas más tranquilas,
la ANSIEDAD no puede paralizarme, lo entiendo y lo entiendo de una manera en la
que no creí, cuando embarcamos los cielos eran claros y las fiestas eran
inolvidables, la gente sonreía y todo anunciaba las mejores vacaciones, en ese
barco tan precioso y lleno de vida ¿que podría pasar? no ha pasado nada, exacto
me contesto a mí mismo, no ha pasado nada, el capitán sabrá llevarnos a buen
puerto, lo asumo y asumo que no tengo el control, ni del clima, ni del barco,
de lo único que tengo control es de la actitud con la que tomare este día en
altamar, porque mis miedos me robaron ya dos, acostado en esa cama donde
cerraba los ojos e imaginaba que era una hamaca, solo para aplacar mis miedos;
desayunamos en cubierta, reímos de ver como la gente intenta hacerlo en la
parte exterior y las servilletas vuelan, como vuelan mis pensamientos hacia
aguas más tranquilas, mis pensamientos están halla, pero yo estoy aquí en medio
del mar, moviéndome como borrachito, de pensarlo vuelo a reír, rió, si rió,
porque siempre es posible reír, porque me doy cuenta que un día sin reír, es un
día desperdiciado, es una frase cliché recuerdo, y vuelvo a reír; pasamos el
día grabando un vídeo de lo que podemos hacer en un día de tormenta en altamar,
reímos como locos, porque aun se dificulta caminar, pero recorremos todos y
cada uno de los rincones de ese barco, mi ANSIEDAD se ha ido con el viento de
la tormenta, que hoy sopla menos fuerte, o sopla igual pero soy yo que estoy más
relajado, termina el día con una cena espectacular, ya no me preocupa si caen
los platos, yo no los voy a pagar pienso, salimos a tomar el aire a la cubierta
pero aun llueve, quedan energías, pero no queda mucho más que hacer, así que
regresamos a la cabina, vuelvo a mi hamaca imaginaria para dormir tan plácidamente,
que cuando despierto, el cielo es tan azul y el sol tan brillante que sin
pensarlo dos veces, me recuerda ese viejo dicho que dice "de que después
de la tormenta, siempre llega la calma" ahora lo sé y he aprendido miles
de lecciones en una, entonces ese viaje se convierte en el viaje más
maravilloso y del que guardo los más gratos recuerdos, si, a pesar de todo, lo más
emocionante es que podre contarle a mi familia y amigos que sobrevivimos a una
tormenta, en la distancia recordare estos días y sabré que me ayudaran por
siempre.
La distancia de esa tormenta se ha
achicado estos días y esos cielos oscuros y desafiantes nos han alcanzado,
pareciera que con más fuerza y sin fecha de culminación, comprendo que la
velocidad de mi vida como un barco, no siempre será más rápida que las tormentas,
y si, algunas nos van a alcanzar y nos envolverán en incertidumbre, en miedo,
mucho miedo, pero hoy te puedo decir a ti, amigo, primo, hermano, tío, en
especial a quienes sufren ANSIEDAD, que como aquel viaje, el sol volverá a
brillar, porque después de la tormenta viene la calma, mientras tanto podemos reír,
amar, disfrutar, como antes, como siempre; tal vez no tuvimos tiempo de
construirnos fuertes para esta, pero no te culpes, nos tomo a todos de
sorpresa, lo que si es que sin duda, nos permitirá reconstruirnos aun mas
fuertes para las que vengan...

















