lunes, 13 de abril de 2020

Crónica de una Tormenta No anunciada


Pequeño relato de nuestro primer viaje a Cuba, el cual hicimos abordo del MSC Armonia, un barco pequeño, pero increíble donde conocimos buenos amigos, comimos delicioso, disfrutamos de las mejores fiestas en altamar y si, nos vimos huyendo de un huracán que se formo mientras comenzábamos nuestra navegación...

De repente estas allí, en medio del mar, frente a cielos que anuncian tormenta y todos tus miedos se hacen realidad, atrapados en un barco que se mueve cada vez más bruscamente, entre una tierra a la que no podemos volver y un huracán, si un huracán, los platos en el comedor caen, las piscinas están cerradas, las fiestas canceladas, y el mareo, oh dios el mareo; todo tipo de pensamientos pasan por tu cabeza, desde recordar si alguna vez leíste por ahí que los barcos viajan a 40 km/hr y los huracanes lo hacen más lento, por si acaso, esas nubes negras deciden tomar rumbo hacia nosotros al este; hasta recordar todos y cada uno de los procedimientos de salvamento a los que asistimos unos días previos, por si acaso también, vamos a la cubierta 4, mi favorita, la puerta que da hacia la cubierta pesa más de lo normal, y nos da una idea del viento, vamos para cerciorarme que este aun allí mi bote salvavidas, si, aunque no lo crean, es mi ANSIEDAD que juega con mi mente y provoca una tormenta de pensamientos, más grande de la que se cierne sobre el mar, el aire me hace un poco bien, no más que ver ese bote salvavidas; entonces mi corazón comienza a latir mas rápido que de costumbre, mis hombros pesan más que esa puerta a mi cubierta favorita, y el mareo, oh el mareo, que no me deja distinguir entre sí es un dolor de cabeza normal o mi corazón augurando un paro fatal, si, porque también en esa tormenta de pensamientos, están los mas fatalistas que jamás haya tenido, como en la película, todo esta gestándose para ser la tormenta perfecta, tomo mis medicamentos, nada incluye algo para el mareo, por una suerte que siempre atribuyo a mis ángeles que me cuidan (mis padres, desde donde el final de la vida los haya llevado), nos asignaron una cabina con balcón, digo suerte, porque sin ese pequeño espacio donde respirar y oxigenar mi cerebro, quizás la historia hubiera sido otra.

Así pasan dos días en altamar, entre la tormenta y mis miedos, amanece el tercero, el cielo nublado y el balanceo del barco me recuerdan mi pesadilla, pero ahora es diferente, eh tenido el suficiente tiempo para viajar dentro de mí, para cuestionarme todos los escenarios posibles que pudieran ocurrir, deje que mis pensamientos fluyeran como agua en el río, decido no dejar mas que se estrellen contra mí, como esas olas que menean bruscamente el barco, no pasa nada, y mañana, como nos ha comunicado el capital, estaremos en aguas más tranquilas, la ANSIEDAD no puede paralizarme, lo entiendo y lo entiendo de una manera en la que no creí, cuando embarcamos los cielos eran claros y las fiestas eran inolvidables, la gente sonreía y todo anunciaba las mejores vacaciones, en ese barco tan precioso y lleno de vida ¿que podría pasar? no ha pasado nada, exacto me contesto a mí mismo, no ha pasado nada, el capitán sabrá llevarnos a buen puerto, lo asumo y asumo que no tengo el control, ni del clima, ni del barco, de lo único que tengo control es de la actitud con la que tomare este día en altamar, porque mis miedos me robaron ya dos, acostado en esa cama donde cerraba los ojos e imaginaba que era una hamaca, solo para aplacar mis miedos; desayunamos en cubierta, reímos de ver como la gente intenta hacerlo en la parte exterior y las servilletas vuelan, como vuelan mis pensamientos hacia aguas más tranquilas, mis pensamientos están halla, pero yo estoy aquí en medio del mar, moviéndome como borrachito, de pensarlo vuelo a reír, rió, si rió, porque siempre es posible reír, porque me doy cuenta que un día sin reír, es un día desperdiciado, es una frase cliché recuerdo, y vuelvo a reír; pasamos el día grabando un vídeo de lo que podemos hacer en un día de tormenta en altamar, reímos como locos, porque aun se dificulta caminar, pero recorremos todos y cada uno de los rincones de ese barco, mi ANSIEDAD se ha ido con el viento de la tormenta, que hoy sopla menos fuerte, o sopla igual pero soy yo que estoy más relajado, termina el día con una cena espectacular, ya no me preocupa si caen los platos, yo no los voy a pagar pienso, salimos a tomar el aire a la cubierta pero aun llueve, quedan energías, pero no queda mucho más que hacer, así que regresamos a la cabina, vuelvo a mi hamaca imaginaria para dormir tan plácidamente, que cuando despierto, el cielo es tan azul y el sol tan brillante que sin pensarlo dos veces, me recuerda ese viejo dicho que dice "de que después de la tormenta, siempre llega la calma" ahora lo sé y he aprendido miles de lecciones en una, entonces ese viaje se convierte en el viaje más maravilloso y del que guardo los más gratos recuerdos, si, a pesar de todo, lo más emocionante es que podre contarle a mi familia y amigos que sobrevivimos a una tormenta, en la distancia recordare estos días y sabré que me ayudaran por siempre.

La distancia de esa tormenta se ha achicado estos días y esos cielos oscuros y desafiantes nos han alcanzado, pareciera que con más fuerza y sin fecha de culminación, comprendo que la velocidad de mi vida como un barco, no siempre será más rápida que las tormentas, y si, algunas nos van a alcanzar y nos envolverán en incertidumbre, en miedo, mucho miedo, pero hoy te puedo decir a ti, amigo, primo, hermano, tío, en especial a quienes sufren ANSIEDAD, que como aquel viaje, el sol volverá a brillar, porque después de la tormenta viene la calma, mientras tanto podemos reír, amar, disfrutar, como antes, como siempre; tal vez no tuvimos tiempo de construirnos fuertes para esta, pero no te culpes, nos tomo a todos de sorpresa, lo que si es que sin duda, nos permitirá reconstruirnos aun mas fuertes para las que vengan...



No hay comentarios:

Publicar un comentario